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Características de las fases de duelo en pareja.

1. INCREDULIDAD

Esta sería la primera fase a la que se suele llamar también de negación. Obviamente, cuando es la propia persona la que rompe la relación esta fase parece inexistente, parece porque puede que

haya aparecido esta “negación” durante alguna de la etapa de la relación donde la persona empieza a barajar la probabilidad de separarse. Es una fase que se corresponde con el shock inicial de la noticia, y con el mecanismo de defensa de no querer enfrentarnos a esa realidad.

No hay duración normal para la duración de esta fase, lo habitual es que se corresponda con los primeros días de la noticia o las primeras semanas si la persona tarda en abandonar el hogar, o simplemente si las circunstancias de la ruptura han sido confusas, como por ejemplo una pelea fuerte donde uno no cree que se vaya a cumplir la amenaza, o una ruptura muy brusca sin una etapa previa de conflicto o malestar o sin explicaciones muy claras.ç

2. INSENSIBILIDAD

Algunas personas, cuando dejan de negarse el hecho en sí de la ruptura, o empiezan a creérselo, entran en una fase muy curiosa donde dicen no sentir nada. Hablan del tema igual que te comentarían una noticia de la televisión, sin emoción, como una mera descripción de hechos pasados, presentes y puede que hasta futuros. A veces son conscientes de que es “raro” como se encuentran, pero otras creen que ese no sentir puede que se relacione con que en realidad no estarían tan enamorados/as como pensaban o como que lo han aceptado muy rápido y están pasando página.
Sufren una incapacidad general para conectar con las emociones, y no solo con las negativas sino también con las positivas. Es como si vivieran bloqueados emocionalmente y te suelen comentar que no lloran ni se enfadan demasiado, pero también que no se alegran ni son capaces de emocionarse como lo hacían antes.
Cuál sería una duración normal es difícil decir, pero si se hacer que esa persona supere el bloqueo y empiece a sentir para que pueda avanzar con su duelo.

3. TRISTEZA

Aquí es sencillo llegar: cuando me lo creo, asimilo lo que está pasando y paso el shock y bloqueo inicial, empieza la tristeza y el dolor. Es la emoción que corresponde a cualquier tipo de pérdida, es sana, y es necesaria pasarla quiera o no la persona para poder hacer el proceso de duelo.
Sin embargo, aunque en estos casos es la emoción normal, en la práctica nos vamos a encontrar a personas que parecen tener “alergia” a esta emoción. Algunas porque lo ven como signo de debilidad y quieren estar fuertes, otras porque creen que su ex pareja no se lo merece, y otras personas porque lo asocian a la depresión y cada vez que se notan la más leve tristeza ponen en marcha toda una serie de mecanismos de distracción y automensajes positivos para cortarla lo más rápido posible.
En los casos que hay hijos, intentan tanto normalizar y no afectarlos, que al final no se permiten tener pequeños momentos para estar tristes y llorar, y explotan en llanto descontrolado en momentos puntuales y a veces inoportunos (cuando se acuestan o cuando alguien de no mucha confianza les pregunta diplomáticamente “cómo estás”).

4. MIEDO, ANGUSTIA, CULPA

En muchas ocasiones, después de semanas de tristeza, por decirlo de alguna forma, empiezan a aparecer nuevas emociones que se van intercalando con esa tristeza.
El miedo aparece con bastante frecuencia. Suele ser miedo a lo desconocido, a estar solos/as, a qué les deparará el futuro, a enfrentarse a nuevas tareas o funciones que llevaba la otra persona y que no se ven capaces de hacer, en general miedo a todo y a veces a nada en concreto, solo al futuro y si será peor que lo ya conocido.
La angustia, a veces con forma de ansiedad suele aparecer especialmente si los trámites de la separación se están dificultando por algo o hay cosas pendientes. Por ejemplo cuando están esperando los papeles para una separación legal, cuando hay hijos pero no sentencia y se ven obligados a negociar o estar en contacto, y también cuando hay bienes comunes y el reparto está pendiente de hacer.
La culpa, aparece muy frecuentemente en muchas personas que son “abandonados/as”. Aparecen los temibles y autodestructivos “¿y si hubiera…?”, y además de negativos y poco prácticos, lo peor es que pueden llegar a ser interminables.
Hay personas, que o bien por su forma de ser, o bien por como ha sido esa ruptura y por qué, tienen mucha facilidad para analizar y revisar hasta el más mínimo detalle de situaciones que tienen que ver con la ex pareja. Por supuesto no suele ser una análisis objetivo, y casi todo les conduce a ver su responsabilidad bien por lo que hicieron, lo que no hicieron, lo que pudieron hacer que no se les ocurrió o lo que deberían haber hecho “en vez de”.

5. LA IRA

A veces aparece en forma de enfado, y otras como rencor.
Esta es la fase del “por qué” continuo, de las conclusiones de todo, incluso es una fase donde puede aparecer la necesidad de venganza o castigo. La persona ha tomado conciencia de lo que le ha pasado, de la pérdida, y vive la ruptura como un ataque personal o una injusticia. Aquí suelen verbalizar todo lo hecho por la pareja, todos los esfuerzos y sacrificios que ahora se ven inútiles, y la ex pareja se ha convertido en el/la mala de la relación.
Como es lógico, estas emociones, y por tanto esta fase como tal, suele darse cuando la persona es abandonada y no cuando ella misma toma la decisión (exceptuando algunos casos donde la ex pareja actúa “atacando”).
Como todas las fases, no es negativa, de hecho después de haber estado triste y angustiado/a durante un tiempo, esta emoción parece que proporciona una fuerza y ánimos que llevaban ausentes mucho tiempo, y que en su justa medida, conducirán a la siguiente fase y por tanto a que continúe el proceso y finalice.
Aún siendo una fase funcional, es sin duda una de las “peligrosas”, porque es muy fácil quedarse “atrapado” en ella. Todos hemos visto personas, que mucho tiempo después de su ruptura o separación (a veces muchos años), hablan de su ex pareja con el mismo odio y rencor que si hubiera pasado una semana antes. No podemos afirmar que este sea el único motivo, pero desde luego, sabemos que cuando no perdonamos y tenemos rencor, el proceso se cronifica.

6. EL DESCONTROL

Esta etapa suele venir frecuentemente después de la ira o a la vez que ésta. En algunas personas que no experimentan rabia ni rencor, puede aparecer también, tras un periodo más o menos largo de tristeza y apatía. Pero es sobre todo cuando aparece la rabia y el enfado, que la persona encuentra nuevas fuerzas para enfrentarse al mundo, salir, arreglarse de nuevo, cuidarse más físicamente, incluso es frecuente que veamos a muchas personas con cambios de imagen (pelo, ropa, maquillaje), que reflejan al fin y al cabo, necesidades de cambio en otras áreas.
En la mayoría de los casos, la autoestima se ha visto dañada tras la separación, especialmente si son los “abandonados” o ha habido terceras personas implicadas en la ruptura (o después). Estas personas suelen hablar de la necesidad de verse mejor, incluso de ligar, comprobar que pueden seguir siendo atractivos/as y que el mundo no se va a acabar por esa separación. Y efectivamente, empiezan a contarte en las sesiones a quien ha conocido, o con quien están tonteando, y parecen personas distintas y con una nueva ilusión.

7. NOSTALGIA

Esta fase puede vivirse como una vuelta a la tristeza, aunque no suele darse con emociones tan intensas.
La emoción que predomina es la nostalgia, pero no necesariamente echan de menos a su anterior pareja, sino más bien la vida de pareja, tener a alguien, no encontrarse solos/as, en definitiva echan de menos los buenos tiempos y la ayuda y la compañía de vivir con otra persona.
Es una etapa donde las personas suelen hacer revisión de lo ocurrido con otra perspectiva. Ya no suelen tener presente solo lo negativo o solo lo positivo de su ex pareja, sino que son capaces de hacer un balance. Si han pasado por la fase de descontrol, es posible que empiecen a salir menos, y vuelvan a quedarse en casa y recuperen algunas rutinas como leer, cocinar, manualidades, etc.
También es cierto, que en general predomina la búsqueda de soledad. Podrán quedar con amigos, pero será menos que antes, y lo más probable es que busquen excusas para quedarse en casa incluso los fines de semana. Hay que tener en cuenta que la nostalgia es una emoción de la familia de la tristeza, y que al igual que ésta, reclama aislamiento e introspección.
Si no habían pasado por la fase de descontrol, y venían de la tristeza, puede que esta etapa la vivan como si se rebajase la intensidad y comenzaran a sentirse más tranquilos.
Suele ser la fase donde hacen introspección, se perdonan y perdonan, y aunque también aquí pueden aparecer dudas y miedos sobre el futuro, especialmente sobre futuras relaciones, es una etapa optima para hacer una revisión del papel que han tenido en otras relaciones, qué necesitan cambiar en un futuro, etc.

8. SERENIDAD

Aquí la persona necesita estar bien. Suelen comentar que ya están cansadas de pasarlo mal, y que quieren pasar página y seguir con su vida. Comienzan a retomar los contactos sociales y muchas rutinas.
Son capaces de exponerse a situaciones y lugares que han estado evitando. No tienen ansiedad por salir o ligar, y son más selectivos con los planes que hacen, ya salen o quedan si de verdad les apetece y les viene bien, pero si no pueden, se quedarán en casa tranquilamente.
En muchas ocasiones, si no lo han hecho antes, empiezan a hacer cambios en casa (si es donde vivieron con su pareja antes), como cambiar el dormitorio, muebles, colores, etc.

9. ACEPTACIÓN

La persona es capaz de pensar en su ex pareja sin dolor de antes. Puede que incluso ya pueda tener información de su ex sin angustia ni ansiedad, y si tiene alguna emoción negativa no le afectará tanto.
En general, suelen tener un estado de ánimo positivo y estable, se ven fuertes y capaces de seguir su camino. Ya no se aferran a ninguna idea de volver, ni al recuerdo de esa persona, se sienten liberados y capaces de rehacer sus vidas (llegado el momento).
El camino ya se ha hecho, y si se ha hecho bien, seguramente han aprendido y crecido gracias a él.
González, B. R. EL DUELO POR RUPTURA DE PAREJA: Una propuesta para comprender y tratar este tipo de duelo.

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