EL SALVADOR Red vital - El Salvador

De la historia de los rituales funerarios

En la sociedad occidental, históricamente, el luto dejo de ser una costumbre donde se especifica indumentaria, comportamiento y límites de interacción y tiempo.

En los últimos 60 años hemos asistido a una rápida caída de prestigio y desacreditación de la persona acongojada, además de una peligrosa y creciente medicalización de la aflicción.

Esto ha llevado a que muchas de las dificultades actuales para recuperarse de la pérdida de un ser querido fallecido, se deben en parte, a la ausencia de rituales establecidos y patrones estructurados de duelo.

No se puede olvidar que la interacción social es un elemento central que permite que el deudo comience a reconstruir su realidad con un significado e identidad en la vida.

La forma en la que se moría y la actividad del difunto durante la vida era lo que daba al ritual mortuorio sus características esenciales y lo que determinaba el sitio final en el que residiría el alma del fallecido.

Si bien la muerte se considera un asunto de familia, la ocasión del duelo puede constituir un modo en que se rompen las reglas generales de convivencia; con bastante frecuencia la casa de los deudos suele permanecer abierta durante los días que siguen inmediatamente a la muerte.

Así, se encuentra en tales circunstancias tal mezcla de familiares, amigos, conocidos, compañeros y vecinos que, en virtud de la tan extremadamente variable perspectiva que los presentes tienen del difunto, tal reunión se convierte en verdaderos momentos sociales.

La muerte causa tanto miedo que ya no nos atrevemos a decir su nombre, y usamos multitud de eufemismos, miedo que, a su vez, es considerado normal y necesario.

Los rituales tienden a desaparecer como práctica, los funerales se hacen breves y la cremación se vuelve cada vez más frecuente.  Se presentan servicios funerarios sin velación y se ofrece una “misa de cenizas”, no hay cuerpo presente.

Entre los pueblos primitivos, la muerte constituía una seria amenaza a la cohesión y, por tanto, a la supervivencia de toda la comunidad; ésta podía desencadenar una explosión de temor y variadas expresiones irracionales de defensa.

La solidaridad del grupo se salvaba entonces haciendo de este acontecimiento natural un rito social.  Así, el fallecimiento de uno de sus integrantes se transforma en una ocasión para una celebración excepcional y se ponen en marcha una serie de obligaciones sociales.  Es un acto social.

En la mayoría de las sociedades, los rituales funerarios benefician a los vivos y a los muertos:  ayudan a los sobrevivientes a aceptar la realidad de la muerte (todas las costumbres del luto sirven para reforzar la realidad y reducir la sensación de irrealidad que favorece la esperanza de retorno del difunto), recordar al fallecido y ofrecer y recibir soporte unos a otros.

Su sentido del ritual y su por qué se asocia con:

  1. Un medio de certificar la muerte , de confirmar “que está bien muerto”, e implementar unas medidas higiénicas.
  2. Para facilitarle el camino, regreso y arribo al muerto a su lugar de destino. Entre los egipcios también tenía la utilidad de permitir la realización del denominado gesto “KA” destinado a mantener la energía creadora que tenía que sobrevivir a la nada. En la sociedad griega, antecedente directo de nuestra actual cultura occidental y cristiana, se creía en la vida después de la muerte, por ello “los muertos” eran objeto de atenciones durante los primeros días sucesivos a su deceso.
  3. Una forma de alejar y espantar los malos espíritus. Los habituales cantos, gestos y gritos pretendían asustar y confundir al alma del difunto de forma que no volviera y trajera malas energías sobre sus deudos.

En la antigua Grecia, los fantasmas tenían derecho a tres días de presencia en la ciudad; todo el mundo se sentía mal en esos días y al tercero, invitaban a los espíritus a entrar en las casas y les servía una comida preparada a propósito; después, cuando se consideraba que su apetito estaba saciado, les decían con firmeza: “Espíritus amados, ya habéis comido y bebido, ahora marcharos”.

Como una forma de reaccionar a la tradición funeraria, y con el ánimo de expresar nuevas formas de pensamiento y expresión artística fúnebre, surge en Europa (Amsterdan, Holanda) el “funeral alternativo”, considerado por algunos como la nueva ars moriendi.

Sus elementos más característicos son:

  • Ataúdes en forma de cuna o pintados con motivos florales
  • Fuegos artificiales (cohetes conocidos como “last rest rocket”) que esparcen en el cielo las cenizas del difunto
  • Funeraire café (café funerario donde se reúnen artistas, intelectuales y empresarios del ramo)
  • Oficinas y representaciones de funerarias y crematorios que ofrecen paquetes de entierros y cremaciones a medida
  • Galerías especializadas en arte funerario
  • Amarios – ataúdes, lápidas inusuales (incluidas las lápidas de miga de pan), ataúdes ensamblables
  • Funerales “hágalo – usted – mismo”
  • Funerales ecológicos (sin lápidas ni recordatorios, solo se planta una flor o un árbol)
  • Casas de banquetes fúnebres organizados
  • Esculturas o adornos recordatorios en lugar de lápidas que pueden ser colocados en interiores o jardines.

 

Recopilación: Ps. Yaneth Rubio Pinilla – Psicologa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *