EL SALVADOR Red vital - El Salvador

El Duelo trás una catástrofe natural

Las catástrofes llegan de forma intempestiva, generalmente no avisan, sorprenden por su altivez, dejan innumerables pérdidas, desesperanza, dolor. Las fuerzas de la naturaleza dejan destrucción a su paso,

dejando además a la luz la ineficacia de las políticas sociales gubernamentales.

Algunos de los efectos psicológicos que vienen tras el suceso catastrófico, son traumas de gran intensidad que tienen duración variable y que pueden volverse crónicos, sobrecargan los recursos disponibles de la comunidad, incluso, ponen en riesgo la capacidad de afrontamiento de las personas.

Una de las reacciones iniciales es el aturdimiento, no se entiende que está pasando, es un estado de shock, se pierde el sentido de orientación, de tiempo, a veces incluso de identidad. Aparece dificultad para recordar aspectos importantes del evento como un estado amnésico que puede llegar a durar por mucho tiempo.  Otra de las reacciones es la ansiedad, que puede generar energía a quienes prestan las tareas de rescate, dejando de lado sus propios riesgos.

Luego hacen presencia la evitación, los pensamientos e imágenes intrusivas, amnesia, despersonalización, enojo,  ira, insensibilidad emocional, aislamiento, aumento de actividad como evitación del recuerdo o de asumir las pérdidas, agresividad, evitar situaciones relacionadas con el trauma, insensibilidad, pesadillas, alteraciones fisiológicas, temor a que el evento se repita, indefensión, sentimientos de vacío profundo, profunda tristeza… síntomas que no son experimentados de igual forma por todos los afectados, pues cada persona reacciona de acuerdo con sus propias características.

Es importante tener en cuenta que el mostrarse irritable hace parte de las reacciones normales, con una invitación a la comprensión y a buscar un manejo emocional inteligente. En cuanto a las formas diversas de evitación, éstas tienen el objetivo de protegerse de la exposición de los recuerdos del evento, cuesta exponerse a situaciones dolorosas, a su recuerdo, se evitan los estímulos nocivos, pues no se quiere recordar el dolor experimentado y menos pensar en que se puede estar en peligro de nuevo.

Los síntomas relacionados con el evento traumático en primera instancia hacen que se re-experimente al momento vivido con sus detalles, la ansiedad sobrecarga la capacidad funcional generando un proceso de inhibición defensiva, revivir paraliza, evitarlo protege a la persona del dolor emocional; volver a procesar la información sucede cuando la ansiedad baja en intensidad. La depresión, sentimiento de autoestima baja, dificultad para relacionase, vergüenza, culpa, aparecen y resulta normal, debe tenerse cuidado de su intensidad y duración.

Los aspectos depresivos son la desesperanza, dificultad para concentrarse, pérdida del apetito, perturbación del sueño, pensamientos negativos a cuidar sobre todo si aparecen con ideas suicidas.  A mayor intensidad del trauma, mayor es la desestabilidad de la estructura psicológica de quien lo vive.

El estrés post-traumático hace su aparición luego del acontecimiento traumático, y es particularmente incapacitante para quien lo sufre.  (Bobes García, Bousoño, Calcedo Barba y González, 2000). Resulta una respuesta normal ante una circunstancia anormal, dada por la destrucción del entorno y la pérdida de tantas vidas. Llevará un tiempo volver a la normalidad.

El apoyo social está relacionado con la red de relaciones interpersonales que la persona en estrés ha desarrollado durante su vida, son las personas con las que cuenta en sus situaciones de vida, en las buenas y en las malas; quienes las tienen se recuperarán con mayor facilidad, les ayuda que tienen un mayor nivel de auto estima, son más optimistas y sus fortalezas están potenciadas. Quienes carecen de su propia red o les resulta muy débil, temen ser rechazados, sus miedos y temores están presentes la mayor parte del tiempo.

Las estrategias de afrontamiento tienen que ver con las que se centran en el problema y las que se centran en el manejo de las emociones que aparecen tras el problema; conceder mucha importancia a las dificultades presentes hacen el camino más pesado de recorrer, superar el problema resulta un reto mayor. El trabajo debe enfocarse a la reformulación de metas, de la reconstrucción, de la generación de un nuevo proyecto de vida. El apoyo social es más visible cuando se recibe con buena disposición y la interacción se carga de sentimientos positivos, se generan cambios positivos en la forma de relacionarse con las demás personas, mayor empatía y solidaridad ante la situación de las otras personas, mayores fortalezas ante la adversidad, mayor auto eficacia, mayor nivel espiritual.

El proceso de Duelo por situación de catástrofe se desarrolla a nivel comunitario y a nivel individual, la forma en que la comunidad responda y gestione el proceso tiene incidencia directa en el Duelo individual de cada persona afectada. Los factores a tener en cuenta son: La confianza en las autoridades, el apoyo comunitario preexistente, la solidaridad recibida de parte de la comunidad.

La necesidad de elaborar el duelo requiere de la participación activa del superviviente. La guerra, la violencia o las catástrofes dejan a las personas normales en situaciones anormales, la intervención psicosocial pretende ayudarlas a enfrentar la situación, situar y entender la función de distintos elementos tales como sus recursos psicológicos, el entorno interpersonal, su contexto cultural y social.

Worden (1991), propone una serie de tareas que, en uno u otro orden deben ser llevadas a cabo por los dolientes. La primera tarea es la aceptación de la pérdida, el no hacerlo trae consigo la sensación de irrealidad, la negación de las evidencias que si bien en el primer momento resulta normal, luego no es útil; para tal efecto se genera el ritual de velación, celebrar el funeral, el llevar el luto, el significado de las flores, una tumba que visitar. No hacer la tarea genera guardar los sentimientos y emociones sentidos dando lugar a un duelo estancado, a enfermarse, a quedarse en el sufrimiento, incluso quedarse víctima.

La segunda tarea consiste en experimentar las emociones vinculadas a la pérdida, dar nombre a la tristeza, la rabia, la culpa, el despecho, el alivio, el miedo, el resentimiento. Tras la catástrofe las catástrofes las redes de apoyo pueden estar pulverizadas, la familia disgregada y los mecanismos institucionales desaparecidos. Trabajar no sólo el dolor emocional sino también el dolor físico.

La tercera tarea consiste en adaptarse a un medio en que quienes fallecieron están ausentes. Implica revisar los roles que cumplían y ahora deben reasignarse, mirar de nuevo la vida con la reorganización que obliga.

La tarea cuatro habla de la recolocación de lo perdido y continuar viviendo, hacer inventario de lo que queda para volver a generar un proyecto de vida con nuevo sentido. Todo esto no se constituye en un proceso de tiempo específico, depende de las características de personalidad y afrontamiento de quien vive el Duelo.

El desafío de enfrentarse al Duelo tiene que ver entonces con reconocer la realidad de la pérdida desde el sistema familiar, incluyendo a todos sus miembros; abrirse al dolor, darse tiempo para sentir la pena; revisar el mundo de significados, replantear el sistema de creencias y valores que hasta ahora han sustentado la forma de vivir; reconstruir la relación con lo que se ha perdido, transformarla; reinventarse de modo que se pueda volver a llevar una vida satisfactoria.

No olvidarse de los niños, es obvio que están más vulnerables, reaccionan diferente que los adultos. Algunos estudios demuestran que los eventos traumáticos que se viven durante la infancia pueden tener un impacto de larga duración, hasta la vida adulta y tal vez durante toda la vida, incrementando el riesgo de que en un futuro fumen, beban alcohol y usen sustancias psicoactivas, además de sufrir de obesidad, depresión, enfermedades cardiacas, cáncer e, incluso, la muerte. A los niños no se les debe forzar a hablar o expresar sus sentimientos, es mejor proporcionarles espacios de libre expresión, evitar la imposición de ideas o formas de reaccionar o comportarse. Evitar el exceso o sobrecarga de ayuda, sobre todo profesional o por diferentes equipos, en ocasiones, sin relación entre sí.

Resulta útil en lo posible mantener la calma, tratar de regresar a la rutina normal lo más rápido posible, buscar actividades constructivas que les ayude a manejar la situación, de ser posible, ayudando a los cuerpos de voluntarios y de asistencia, hacerse útil con acciones puntuales: donar sangre, ayudar en limpiar, cocinar y repartir alimentos, hacer acopio de elementos de aseo, agua, ropa. No olvidar alimentarse, dormir, mantener la resistencia física y mental.

Después de una catástrofe se requiere brindar orientación que les evite la inseguridad causada por miedos ante nuevos desastres o réplicas; reconocer los valores, tradiciones, idiosincrasia del lugar; la ubicación de los damnificados en albergues genera problemas psicosociales que en lo posible deben advertirse con la debida antelación; apoyar las medidas generales que contribuyan a fomentar orden; ayuda humanitaria que permita satisfacer las necesidades básicas de los afectados y el establecimiento de contextos seguros.

De otra parte, el manejo de los cadáveres debe ser cuidadoso y ético, establecer un orden dónde la identificación pueda darse de la manera más práctica posible, su registro y la entrega de los mismos a sus familias; generar rituales de despedida.

Ayudarse con técnicas de respiración permite aliviar rápida y compasivamente muchas formas de sufrimiento, al inducir la resistencia al estrés.  El método Buteyko se centra en hacer pequeñas respiraciones a través de la nariz:

  1. Haga una pequeña aspiración a través de la nariz, seguido de una ligera expiración
  2. Enseguida, contenga la respiración durante cinco segundos, y luego suelte el aire para reanudarla
  3. Respire normalmente durante 10 segundos
  4. Repita la secuencia

 

Referencias

Bobes García J., Bousoño, M., Calcedo Barba, A. y González, M. P. (2000). Trastorno de estrés postraumático. Barcelona: Masson.

Bowlby J. La pérdida afectiva. Tristeza y depresión.Buenos Aires, Paidós, 1990 (Attachment and Loss, vol 3. Loss, sadness and depression, Tavistock, 1980)

Bowlby J. La separación afectiva. Buenos Aires, Paidós, 1985 ( Attachment and Loss, vol 2. Separation, London, The Hogarth PressClark S. Loss and grief in general practice: a pilot study. National convention of the Royal Australian College of general practicioners, 1986.

Organización Panamericana de la Salud. Guía de preparativos de salud frente a erupciones volcánicas. Módulo 5: La comunicación frente a erupciones volcánicas. Quito: OPS; 2005.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *