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La soledad durante el Duelo…

Tras el fallecimiento de un ser querido son muchas las reacciones que puede presentar el doliente y todas ellas se encuentran enmarcadas en un historial que dicta para cada persona la forma de enfrentar los momentos difíciles o de pérdida. 

La realidad no se acepta fácilmente y pasan varios días con la sensación de que “todo ha sido un sueño”. Se trata de mantener las rutinas diarias que se compartían con el ser querido, pero en ese mismo contexto se reconfirma la ausencia y se recrudece el dolor.

Intuitivamente los allegados y familiares del doliente se acercan y lo acompañan, se dan frases de aliento y se colabora con ciertas necesidades, pero con el paso de los días la compañía disminuye y aumentan los momentos de soledad; comienza así un proceso de confrontación entre el deseo de mantener “vivo” al ser querido y la necesidad de adaptarse sin su presencia.

Trataremos algunas sugerencias que ayudan a enfrentar la soledad con una perspectiva positiva y constructiva, con la intención de generar una actitud de cambio y adaptación a las nuevas circunstancias.

Revalora la soledad:

Muchas personas creen que “estar solo” es lo peor que le puede suceder.

Cuando todo se hace en función de otro se detiene el crecimiento individual y se alienta el desarrollo en pareja o del otro, pero tras la soledad se crece a nivel personal, de hecho la pérdida de un ser querido nos impulsa a desarrollar habilidades de subsistencia sin ese complemento, claro está que es un proceso lento y difícil, pero casi todos los seres humanos se amoldan a la situación, desarrollan potencialidades desconocidas y aprenden a creer en sí mismos.

La soledad brinda espacio para pensar todo lo que se quiera, y a las decisiones se le puede dar un enfoque positivo o negativo: se puede elegir aprovechar ese tiempo para conocer nuevas cosas, estudiar algo nuevo, desarrollar manualidades o un arte, leer, hacer deporte, jugar, caminar, conocer nuevos lugares y muy seguramente nuevas personas.

Pero también puede tomarse la opción de encerrarse, creer que la vida también terminó y llorar todos los días. Si te encuentras en este punto es importante reflexionar sobre lo siguiente: ¿crees que la misión de tu ser querido en esta vida fue dejarte triste?, ¿qué deseaba tu ser querido: que fueras feliz o infeliz? y finalmente, ¿no crees que haces parte del legado de tu ser querido en esta vida y contigo trasciende su existencia?

Tú eres el dueño de tus ideas y puedes hacer de ellas tus aliadas en el proceso que estas viviendo.

Tras el fallecimiento de un ser querido son muchas las reacciones que puede presentar el doliente y todas ellas se encuentran enmarcadas en un historial que dicta para cada persona la forma de enfrentar los momentos difíciles o de pérdida.

Enfrenta tus temores:

Siempre se teme a lo desconocido, a situaciones o cosas específicas. Con la pérdida del ser querido se enfrentan un sin número de aspectos que muy seguramente no se habían vivido antes o “él o ella” lo hacían por ti. Se teme a ciertas responsabilidades heredadas, a cometer errores, a volver a sentir dolor, etc. Para superar estos miedos la mejor estrategia es continuar y hacer un listado de los temores que te genera la vida, analizar detalladamente sus circunstancias específicas y prepararse. Planificar lo que se debe hacer y cómo hacerlo preguntando e informándose de lo que hay que hacer, para así poder descubrir que cuando se hace el esfuerzo de conocer algo, lo vuelves rutinario y le pierdes temor.

Los miedos se vencen enfrentándolos, pero es más fácil si planificas y te preparas, además el enfrentarlos te permite ganar confianza en ti mismo y tu autoestima crece al notar que puedes.

Ten conciencia del aquí y el ahora:

Durante el duelo nuestro ser se retrae al pasado, se sostiene sobre lo sucedido y se repasan las situaciones vividas una y otra vez, se anhela retroceder el tiempo y recomenzar de nuevo; la vida se estanca mirando el pasado, olvidando el presente y el futuro.

En estas circunstancias se pierden nuevas vivencias y se olvida el contacto con tus familiares, amigos y muchas cosas que te gustan, se olvida que en el presente se vive y que en él se debe construir la realidad y los cambios para un nuevo y satisfactorio futuro.

El pensamiento de ideas e imágenes repetitivas es normal pero debe alternarse conscientemente con nuevas vivencias y una forma de disciplinarse es realizar actividades que llamen tu propia atención y te permitan mantener el contacto con el aquí y el ahora: las manualidades, la lectura de un libro ameno y positivo, una película llamativa o divertida, los ejercicios físicos, conocer nuevos lugares, la relajación y la respiración, te preparan poco a poco a estar en contacto con este instante, con el aquí y ahora que permitirán construir las bases del futuro.

No se debe desvalorar las pequeñas situaciones de cambio y aprender de cada una de ellas, pues esto te permitirte recordar que la vida tiene mucho más que dolor.

Tras el fallecimiento de un ser querido son muchas las reacciones que puede presentar el doliente y todas ellas se encuentran enmarcadas en un historial que dicta para cada persona la forma de enfrentar los momentos difíciles o de pérdida.

Experimenta nuevas cosas:

Seguramente tienes un concepto de ti mismo, tal vez ese autoconcepto te dice que las herramientas que tienes para enfrentar la vida no son las más adecuadas y prefieres aislarte temiendo el dolor y cometer errores; pero cuando te animas y te permites vivir situaciones nuevas, manipulas las circunstancias y experimentas, te das cuenta de todo tu potencial y alcance, reconoces que puedes ser mucho más de lo que crees y que tus limites son tuyos y podrás variarlos.

Experimentar la vida en actitud responsable y de aprendizaje permite sentir que el desarrollo no se detuvo y que tras la pérdida también puedes crecer.

 Crea nuevas metas:

Cuando se tienen metas se gana una visión diferente de la vida, se tiene un sentido y el camino para seguir.

Dichas metas no tienen que ser altas y elaboradas, puedes comenzar con metas pequeñas, simples y a corto plazo, porque al superarlas aumentará la confianza en ti mismo y te permitirá mirar más lejos. De esta forma ganarás confianza en tus cualidades y los objetivos elaborados y trascendentes también se desarrollarán. Las metas te permiten crecer y si piensas que tus logros son en honor al ser querido que no está, tendrás un impulso adicional a tus deseos de superación.

Se busca la recuperación tras la pérdida, dos signos concretos de esta recuperación son: Que el doliente pueda hablar y recordar al ser querido con naturalidad tranquilidad, sin llorar. Que haya establecido nuevas relaciones significativas y aceptado los retos de la vida.

 

Yaneth Rubio Pinilla

Psicóloga – Tanatóloga

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