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¿Por qué nos cuesta tanto hablar de muerte?

La muerte es un evento angustiante, genera estrés sólo pensar en morir, y es normal puesto que no nos preparan para ello, es una incertidumbre. Cuando se pierde un ser querido

depende de muchos factores la forma como se elabora el Duelo, a veces, se prefiere callar. No sabemos con certeza que pasa después de morir.

Cuesta hablar de la muerte porque duele, porque conlleva muchos cambios, porque nos mueve todas nuestras dimensiones, biológica, física, psicológica, social, familiar, espiritual.

Nos mueve nuestra estructura de la personalidad, el marco existencial, nuestras creencias: sobre cómo funciona el mundo, sobre quiénes somos nosotros y los demás; nuestros valores: aquello a lo que damos importancia en nuestra vida: nuestra particular “agenda política” de prioridades; nuestros principios: las grandes líneas de actuación sobre las que regimos nuestro día a día y nuestras relaciones y que se nutren, por supuesto, de esos valores y creencias; nuestra red relacional: tan importante para nuestra supervivencia: el apoyo, la empatía, la ayuda recibidas.

El duelo es un proceso, y no un estado, natural en el que el doliente atraviesa una serie de fases o tareas que conducen a la superación de dicho proceso. Como señalan Pérez et al. (2000), gráficamente se podría representar por el paso de un huracán o las olas de una gran marea que alternan embates violentos, con periodos de descanso aparente y nuevas embestidas, cada vez, generalmente, de menor intensidad. El Duelo es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante de momento a momento, y variable de persona a persona y entre familias, culturas, sociedades…
También tiene que ver con la cultura, ciertamente el peso que se le da a la muerte es lo que define en el mayor de los casos la manera en que cada persona la percibe. Hablar de la muerte no atrae a la muerte, atrae la vida.

Nadie quiere morir lejos de sus seres queridos ni con dolor. Todos esperamos que sea un evento delicado, suave, pero nadie puede escoger esa experiencia. Muchas personas mueren en hospitales, solitas. A los médicos antes se les enseñaba defender la vida, pero no a ayudar a bien morir, se debe trabajar más en ello. Quien bien vive, bien muere.

“Todo lo que amamos nos lo pueden arrebatar. Lo que no nos pueden quitar es nuestro poder de elegir qué actitud asumir ante estos acontecimientos” Víctor Frankl

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